Paul Eugene o el renacimiento del ‘bujarronismo’

1 10 2007

Mi amigo Paco me ha dicho que tengo que estar en forma si quiero ser un icono TCP/IP. Que si pongo fotos mías con poca o nada de ropa es muy posible que me hagan amiga todo tipo de degenerados que lograrán que mi contador de visitas se actualice más rápido que el del búnker de Perdidos.

Así que he iniciado mis clases de aerobic gospel a domicilio para ponerme chachi. Un amigo de mi amigo Paco me lo recomendó a través de su fotolog. “Puede que adelgazar, no adelgaces. Puede que tampoco endurezcas músculo ni ná, pero te vas a reír un huevo”, me dijo.

Me explicó que se trataba de un nuevo concepto del ‘bujarronismo’, o sea, el maricón de toda la vida encerrado en el cuerpo de un tornero fresador. Una especie que, desde la aparición de Jesús Vázquez y su exquisito aspecto físico, estaba en vías de extinción y que ahora, gracias al aerobic gospel, recuperaba un nuevo esplendor. Porque este nuevo profesional del ‘bujarronismo’ no era de Cádiz, ni de Vitoria, ni de Pontevedra,…de donde han sido siempre los grandes símbolos de esta tendencia, sino que parecía sacado de Tennesse.

El instructor de esta nueva corriente gimnástica se llama Paul Eugene y a mí, al principio, me daba miedo su sonrisa resplandeciente y su mirada profunda porque pensaba que me hipnotizaría desde el Youtube, con ese puntito haitiano que tiene, me convertiría en una muerta viviente y me obligaría a hacer de todo en contra de mi voluntad. Luego pensé que eso tampoco era tan grave porque, en resumidas cuentas, es lo que me pasa cada fin de semana cuando en vez de Absolut le ponen Etanol a mi zumo de naranja. Acto seguido tuve que combatir su estilismo y superar los grititos que daba para animarse él solo, como si estuviera en la pista del Space, en único lugar del planeta en el que todo el mundo baila como si estuviera solo. Creo que lo mejor será que vosotros también os aficionéis cada mañana a hacer unos ejercicios de aerobic gospel con Paul Eugene. “Lo malo es que acabas bailando igual en la pista del Ohm! y las musculocas te miran fatal”, me avisó mi amigo Paco. No hay nada que una musculoca deteste más que una reivindicación coreografiada del ‘bujarronismo’. Pero…I love it, que diría Paul.





Lo que tienes que hacer es tener estilo propio

1 10 2007

He discutido con mi amigo Paco. Me llamó por teléfono para decirme que vaya una mierda de blog que me había abierto. Que si una quiere triunfar en el universo de las nuevas tecnologías aplicadas al egocentrismo lo primero que debe hacer es centrarse en el ego. Yo es que, como me crié en Ciudad Pegaso, tengo el ego deshidratado. Y adjunto como atenuante a mi falta de rapidez en la respuesta a sus ataques que acababa de levantarme de la cama y tenía al puto Carlinhos Brown batuqueando en mi cabeza. Todo por culpa de algunos bares en los que pedí Absolut con naranja y me sirvieron Etanol con naranja.

“Tú lo que tienes que hacer es tener estilo propio”, dijo él, imitando a Chico y Chica. “Crea una bitácora, como los marineros de antes, y escribe sobre tu propia vida, como si fuese un diario”, añadió. “¿Sobre mi vida? Pero si eso no le interesa a nadie”, apunté. “Error. Los programas más vistos son aquellos que alimentan los principios más básicos del ser humano; o sea, aquellos que hablan de sexo, de desgracias -especialmente ajenas-, de sexo,…”¿Otra vez?”, pregunté. “Otra vez. El sexo siempre en dosis pares. De rencores, de familias desestructuradas, de matrimonios a la gresca, incluso, si me apuras, de cocina. Y tú, que tienes una familia que es un puto circo, deberías aprovechar toda esa información y basar tu blog en experiencias personales: en aquella nochebuena en la que tu tía Encarna estuvo a punto de morir ahogada por el jamón ibérico y mientras agonizaba repetía “este sí que estaba bueno y no el Navidul de los otros años”. O cuando tu tía la mayor chantajeaba a tu abuela con encerrarla en una residencia si no firmaba cheques al portador y así reformar el baño y la cocina de su casa”. Me hartó tanto que fingí una pérdida de cobertura, como hace Mario Vaquerizo, y colgué.

Estoy cansada de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer. Con lo bien que se vive en la ignorancia. Mira Ana Botella…siempre sonriente…