He discutido con mi amigo Paco. Me llamó por teléfono para decirme que vaya una mierda de blog que me había abierto. Que si una quiere triunfar en el universo de las nuevas tecnologías aplicadas al egocentrismo lo primero que debe hacer es centrarse en el ego. Yo es que, como me crié en Ciudad Pegaso, tengo el ego deshidratado. Y adjunto como atenuante a mi falta de rapidez en la respuesta a sus ataques que acababa de levantarme de la cama y tenía al puto Carlinhos Brown batuqueando en mi cabeza. Todo por culpa de algunos bares en los que pedí Absolut con naranja y me sirvieron Etanol con naranja.
“Tú lo que tienes que hacer es tener estilo propio”, dijo él, imitando a Chico y Chica. “Crea una bitácora, como los marineros de antes, y escribe sobre tu propia vida, como si fuese un diario”, añadió. “¿Sobre mi vida? Pero si eso no le interesa a nadie”, apunté. “Error. Los programas más vistos son aquellos que alimentan los principios más básicos del ser humano; o sea, aquellos que hablan de sexo, de desgracias -especialmente ajenas-, de sexo,…”¿Otra vez?”, pregunté. “Otra vez. El sexo siempre en dosis pares. De rencores, de familias desestructuradas, de matrimonios a la gresca, incluso, si me apuras, de cocina. Y tú, que tienes una familia que es un puto circo, deberías aprovechar toda esa información y basar tu blog en experiencias personales: en aquella nochebuena en la que tu tía Encarna estuvo a punto de morir ahogada por el jamón ibérico y mientras agonizaba repetía “este sí que estaba bueno y no el Navidul de los otros años”. O cuando tu tía la mayor chantajeaba a tu abuela con encerrarla en una residencia si no firmaba cheques al portador y así reformar el baño y la cocina de su casa”. Me hartó tanto que fingí una pérdida de cobertura, como hace Mario Vaquerizo, y colgué.
Estoy cansada de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer. Con lo bien que se vive en la ignorancia. Mira Ana Botella…siempre sonriente…
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