Barroco

24 09 2007

He visto Barroco en el Centro Cultural de la Villa, ese lugar que huele a capilla ardiente.

He visto Barroco y solo puedo dar las gracias.

Lo que hace Tomaz Pandur con el texto de Choderlos de Laclos es impactante.

Lo que hace Blanca Portillo con la marquesa de Merteuil es de llevarse todos los premios que en el mundo existan.

Lo que hace Asier Etxeandía con el vizconde de Valmont es demostrar, una vez más, que es el actor más completo de la escena española y que si hubiese nacido en Estados Unidos ya tendría tres Oscar, dos Emmys, cuatro Tonys y, si me apuras, algún Grammy en su casa.

Y lo que hacen esos estudiantes de arte dramático que se llaman Alicia, Aaron, Manuel y Ángel con la escenografía…tendrían que salir a saludar, para recibir su ovación, como mandan las leyes de la escena.

No puedo hacer otra cosa que pensar en ese juego de amor y odio, de rencores y envidias, de miedos y desesperación.

No verla es un castigo.

Y lo digo, y me quedo tan ancha.





Aparecidos razonables

23 09 2007

En ocasiones veo aparecidos. Todo empezó la tarde del viernes, cuando me fui a ver Fedra al teatro Bellas Artes de Madrid. Mi amigo Paco se apostó conmigo que cada vez que Ana Belén sobreactuase, él gritaría el título de una canción de su discografía cuando llegase el momento de los aplausos. Por cada lamento sobrearrastrado, por cada palabra sobregemida, un tema. A los diez minutos ya tenía apuntados Agapimú, Balancé, La muralla, Los amores de Ana y siete más cuando Fran Perea -que se me había olvidado comentar que Fran Perea sale en la obra- se quitó la camiseta griega y dejó al descubierto un pecho macho que le hizo perder la cuenta. Desde ese momento se obsesionó con demostrarme que el personaje de Hipólito (Fran Perea) odiaba a las mujeres no porque fuese misógino sino porque era maricón perdido y estaba enamorado de Terámenes (Javier Ruiz de Alegría). No sé si Eurípides opinaría lo mismo…vete a saber…que los griegos eran muy griegos para lo suyo.

A la salida del teatro nos paramos frente al escaparate de la librería del Círculo de Bellas Artes. Y mi amigo Paco vio la siguiente foto en la cubierta de un libro.

Y preguntó horrorizado: “Pero, ¿qué coño le ha pasado a Billy Corgan?”

Tenía tantas ganas de meterme en un bar y beberme hasta el agua que gotea del aire acondicionado que pasé de empezar a explicarle lo complicado que es aceptar una invitación a té y pastas en la Rusia de Putin, evitando cualquier alusión a los Smashing Pumpkins, a ver si lo pillaba al vuelo.

Pero claro, al llegar al club, mi amigo Paco vio una revista con la siguiente imagen en la portada.

Y dijo: “Qué mayor está Jorge Javier Vázquez. Será el veneno, que envejece”.

No lo pude evitar. Tuve que hablar de Roberto Verino, de los aparecidos y de los aparecidos razonables.

Luego nos encontramos a una amiga que trabaja en un gabinete de prensa y que llevaba toda la semana celebrando “la noche blanca”. Bailamos un fandango al compás del chasqueo de sus dientes, que era lo más parecido a las castañuelas de Lucero Tena. “Llevo toda la noche en blanco”, soltó, desencajada, antes de caerse rodando por las escaleras que conducían al baño. Mi amigo Paco recogió su zapato del suelo y me lo guardó en el bolso. “Ahora se lleva una barbaridad plantar cáctus enanos en zapatos de tacón rojo”, dijo. Y siguió bailando el Groove is in the heart de los Dee Lite.